DMITRI DMITRIEVICH SHOSTAKOVICH
nació entre dos períodos muy importantes de la Historia: la 1ª Revolución
Industrial, surgida en Inglaterra y extendida por toda Europa a finales
del siglo XIX; y la 1ª Guerra Mundial, con las consecuencias que trajo
en la historia de Rusia en 1917.
En 1900, bajo el pretexto
del movimiento boxer en China, que amenazaba el Transiberiano hasta
Vladivostok, el gobierno ruso ocupó Manchuria. Los militares, que tenían
el favor del Zar Nicolás II, no dudaron en provocar a Japón, intentando
sustraerle Corea, lo que propició la guerra ruso-japonesa (febrero
de 1904-septiembre de 1905), que fue desastrosa para Rusia: aumentó
la oposición del gobierno central, debido a los fracasos militares,
y el aumento de la represión. La matanza de obreros
en San Petersburgo (Domingo Rojo, 22 de enero de 1905), debido a los
levantamientos sociales- como el de Odessa- y a la actitud reivindicativa
de los primeros soviets, llevó al pueblo ruso al caos: el prestigio
de la monarquía estaba muy debilitado, lo que aprovechó la oposición
para intentar implantar un régimen liberal o socialista, que acabó
por materializarse con la Revolución de Febrero de 1917.
Es en poco más de un
año (el 25 de septiembre de 1906) cuando nace Shostakovich en una de las ciudades
más involucradas políticamente de Rusia: San Petersburgo.
Todo ese ambiente de
levantamientos sociales, políticos y militares lo vivió en su casa
desde su juventud y tal como Aaron Copland dijo:
“La Historia
musical demuestra que los compositores construyen sus obras, no según
los acontecimientos históricos, sino de acuerdo con las necesidades
musicales que crean esos hechos históricos. Es decir, los cambios históricos
traen a la música nuevas necesidades en sus funciones y estas necesidades
son las que alteran su curso, y no los hechos mismos.”
Así pues, la música
de Shostakovich es el resultado directo de la época que le tocó vivir.
A los nueve años recibe
lecciones de piano de su madre, Sofía Vasilievna, joven pianista casada
con el químico e ingeniero Dmitri Shostakovich. A los once años compone
“Marcha fúnebre a la memoria de las víctimas de la Revolución”,
en donde demuestra que está orgulloso de ser un ciudadano de la Unión
Soviética y cooperar a la “edificación de la ciudad”. Es el año
de la caída de la monarquía rusa y la publicación del ensayo “El
Estado y la Revolución” de Lenin. A los trece años entra en el Conservatorio
de Petrogrado, dirigido por aquel entonces por Glazunov, quien no duda
en reconocer que “el Conservatorio se honra en aceptar a un estudiante
cuyo talento está al nivel de un Mozart”.
Estudia composición
con M. Steiberg, y es durante sus primeros estudios cuando compone sus
primeras obras: “Danzas fantásticas para piano” (1922) y
“Sinfonía nº 1” (1924), presentada como ejercicio de graduación.
Esta “Sinfonía
nº 1” fue estrenada por la Orquesta Filarmónica Estatal,
el 12 de mayo de 1926, bajo la dirección de Nikolai Malko. Recuerda
a Tchaikovski en el movimiento lento, a Rimski-Korsakov y Glazunov en
la orquestación, transparente y directa, e incluso a Prokofiev en la
ironía. La influencia de Mahler, ya presente en esta obra, será una constante a lo largo de toda su vida sinfónica. La tensión emocional de esta sinfonía se consigue por medio
de disonancias modernas, dentro de una estructura clásica en su conjunto.
Después de la muerte
de su padre (1922) Shostakovich pensó en dejar el estudio de la música
para poder trabajar y mantener a su familia, pero una oportuna beca
de la Fundación Borodin le permitió continuar estudiando, al tiempo
que ayudaba económicamente a su madre y hermanas tocando el piano en
una sala de cine. No es casual que su trabajo estuviera vinculado al cine, ya que éste estaba emergiendo con fuerza en la vida artística de la nueva República Socialista. En 1925, cuando Shostakovich terminaba sus estudios y publicaba sus primeras obras, veía la luz “El acorazado Potemkin”, de Einsestein, que se convertiría en estandarte artístico para la recién nacida Unión Soviética.
Al principio buscó su
propio lenguaje musical. Todo le sirvió: el maquinismo, la onomatopeya,
el atonalismo libre, el flirteo “pre-Shoenberg” con el serialismo
(en la segunda de las “Dos piezas para octeto”), las disonancias
explosivas, los ritmos sincopados de los bailes de moda, guiños del
jazz, etc. Estuvo interesado por
la obra de Berg, Hindemith, Stravinski… De esta época son su
“Sonata para piano nº 1” (1926), los “Aforismos para piano
solo” (1927) y las “Sinfonías nº 2 y 3”.
En 1927 el gobierno le
solicitó una sinfonía para conmemorar el aniversario de la Revolución
de Octubre y ese fue el inicio de una extraña carrera de compositor
oficial marcada por consagraciones y amonestaciones.
La “Sinfonía
nº 2, en honor a octubre”,
tiene un único movimiento, un tiempo largísimo de música orquestal
abstracta que conduce a un coro final, coincidente con la “Sinfonía
nº 3”. Destaca por el sentimiento revolucionario y el uso modernista
de la orquesta, el polirritmo y la politonalidad.
En 1928 se trasladó
a Moscú, donde trabajó como supervisor musical a las órdenes de Vsevolod
Emilievich Meyerhold, pero sus diferencias con el director y actor teatral
le hicieron regresar a Leningrado. Allí empezó a componer
la música de la película “La Nueva Babilonia” (1928) de
Kozintsev; la música para una comedia de Maiakovski titulada “La
Chinche” (1929) y la “Sinfonía nº
3, 1º de mayo”, escrita en un tono más despreocupado
y con rasgos comunes a la ópera “La Nariz”
(1928). En esta época la ópera soviética estaba en declive,
y Shostakovich utiliza el estilo modernista del momento: líneas vocales
animadas y frescas “brillantemente excéntricas”. Es densa en estilo
y contundente en sus estocadas satíricas, típicas del autor. La historia de “La
Nariz” se desarrolla durante la época del Zar Nicolás I, aunque,
a la vez, es un comentario de la Rusia de 1920: prensa, medicina, policía,
religión, administración pública…
Cuando Lenin formuló
sus ideas para la Nueva Política Económica de 1929 se dio cuenta de que
no podía efectuar los cambios culturales tan rápidamente como los
políticos, militares o económicos: el arte necesitaba tiempo para
acostumbrarse. Y tras la represión
de las tendencias más avanzadas de la Proletkvet con Lenin, la estética
se moderó: cuando el realismo socialista condenó toda obra artística
más preocupada por los aspectos constructivos y formales que por los
objetivos moralistas, propios del arte soviético, Shostakovich orientó
su producción para que se ajustara a este requisito, sin perder su
carácter innovador.
En 1932 se casó con
Nina Varzak, joven física experimental que había conocido en 1927,
a quien dedicó la ópera “Lady Macbeth de Mzensk”
(1932), inspirada en el clásico homónimo de Nicolai Leskov de 1865. Debido al éxito del
estreno, planeó una trilogía, de la que “Lady Macbeth…”
sería la primera pieza, que contemplaría la condición de la mujer
rusa en tres épocas históricas diversas.
En 1933 se fundó la
Unión de Compositores Soviéticos, con poder para influir decisivamente
sobre la naturaleza de las obras musicales: “Música dirigida a los
victoriosos y progresivos principios del realismo, hacia los rasgos
heroicos y brillantes que distinguen al mundo espiritual de los hombres
soviéticos y que deben estar expresados en imágenes musicales llenas
de belleza y fuerza que afirmen la vida”. En consecuencia, “La
Nariz” y el resto del repertorio soviético fue retirado. A la
premiere de “Lady Macbeth…” en el Bolshoi de Moscú asistió
Stalin, quien abandonó la sala visiblemente disgustado, calificando
la obra como “pornografía”.
El diario “Pravda”
publicó un editorial titulado “Caos, no música”, acusándola de
“bestialismo, de ser animalmente realista, un concierto de aullidos
y artificios”. Añade que “Shostakovich pretende hacerse el moderno
sin importarle cual sea el precio, pero no basta con emborronar páginas:
el autor tiene que saber que la música teatral debe evocarnos la gran
ópera tradicional y que la música sinfónica ha de ser clara y explícita,
simple y directa”.
Acusado de complejidad,
oscuridad de conceptos, sofisticación, abandono del realismo, Shostakovich
compone la “Sinfonía nº 5” (1937), aceptando todas estas
críticas, y tras haberse cancelado la “Sinfonía nº
4” (1932) ante la hostilidad de los músicos de
la Orquesta Filarmónica de Leningrado en los ensayos.
La “Sinfonía
nº 5” marca un punto de partida de una etapa nueva, incluso
por su buena acogida. Desarrolla un estilo más simple y multitudinario.
Shostakovich la subtituló: “Respuesta creativa de un artista soviético
a una crítica justa”.
En 1939 compone la
“Sinfonía nº 6”, que tiene por primer tiempo un dilatado
y noble “Largo”, lírico y meditativo, y un final con aire de marcha.
Su estreno coincide con el inicio de la 2ª Guerra Mundial y con el
estreno de “Alexandr Nevski” de Prokofiev.
En 1940 recibe el premio
Stalin por su “Quinteto con piano”, compuesto para el cuarteto
de cuerda Beethoven, con el que trabajaría a lo largo de los años,
tocando él mismo la parte de piano.
En julio de 1941 comenzó
la evacuación de Leningrado. El Conservatorio, en el que daba clases
de instrumentación y composición, fue instalado en Tashkent, pero
Shostakovich se negó a partir. Junto con su alumno Fleishmann trató
de hacerse miembro de la defensa civil, pero fue rechazado por motivos
de salud, y en última instancia, aceptado como bombero en las fuerzas
de sanidad. Antes de cumplir los 35 años concluía el segundo movimiento
de la “Sinfonía nº 7, Leningrado”. En octubre, por orden
del Centro de Defensa, se le evacuó por vía aérea. Su único equipaje
fue el manuscrito de la sinfonía y una partitura que protegía
celosamente: su ópera maldita “Lady Macbeth…”.
La “Sinfonía
nº 7” se convirtió en el estandarte musical de la nación
invadida, ya que celebraba la resistencia de Leningrado contra la invasión
de Hitler. Fue estrenada en Leningrado el 5 de abril de 1942 por la
Orquesta del Teatro Bolshoi y transmitida en directo a toda Rusia, Gran
Bretaña y los Estados Unidos. Meses después el microfilm
de la partitura llegó a Nueva York vía Teherán-El Cairo-Sahara-Canarias,
a manos de Arturo Toscanini, quien la dio a conocer interpretada por
la NBC Symphony Orchestra.
En 1943
se instaló en Moscú, en cuyo Conservatorio dio clases, mientras desarrollaba
una importante actividad musical. La “Sinfonía nº
8” fue creada ese año y es con la que alcanza la madurez
como sinfonista. Tiene sentido cíclico, y un dato curioso: el número
de compases que hay entre el comienzo de la obra y la primera aparición
del climax (en el adagio inicial), y el que hay entre la siguiente presentación
(enlace entre el 2º scherzo y el passacaglia) y la conclusión de la
pieza es exactamente el mismo: 156 compases.
Después de la 2ª Guerra
Mundial compone la “Sinfonía nº
9”, cuyos cambios de frases (en el 1º, 3º y 5º movimientos)
y apacible serenidad (en el 2º) parecen evocar un sentimiento de alivio
más que de júbilo victorioso. En palabras del autor:
“Si las
sinfonías nº 7 y 8 (estrenada esta última con la proclamación
del final de la Guerra) eran trágicas y heroicas, la 9ª está dominada
por un humor claro y transparente”.
En realidad pretendía
ser un ideal para la exaltación y el triunfo militar soviético contra
Alemania, pero fue “una página breve (tan sólo 23 minutos de duración)
con un burlesco primer tiempo que demuestra que la música circense
puede llegar con éxito a la sala de conciertos”, según los críticos
oficiales, que tuvieron que llamar al orden al compositor.
En 1948, Shostakovich,
Prokofiev, Khatchaturian, Shebalin, Kabalevski y Poppov fueron acusados
por Andrei Zhdanov, comisario cultural, de propugnar “ciertas desviaciones
formalistas de tendencia musical antidemocrática, extraña al pueblo
soviético y a sus gustos artísticos”.
La música de Shostakovich
se había desviado del curso del realismo socialista, y había tendido
a ponerse fuera del alcance intelectual del público en general. Y tras
ser condenadas sus “Sinfonías nº 8 y 9”, él mismo ocultó
su “Concierto para violín nº
1” (1955) y su “Cuarteto de cuerda nº
4”. Se le permitió estrenar el oratorio profano “Canción
de los bosques” y “El sol ilumina nuestra madre patria”.
El resto se conoció con la muerte de Stalin
y el subsiguiente deshielo del clima cultural de la Unión Soviética,
cinco años después.
En 1949 visitó América
por primera vez, como miembro de la delegación rusa en la Conferencia
para la Paz Mundial, celebrada en Nueva York. En sus “Memorias”
Shostakovich narra como Stalin llamó telefónicamente al compositor
para persuadirle de que debía viajar a América como ejemplo de la
fecundidad cultural y creativa de la Unión Soviética.
En 1950 viajó a Varsovia
y Leipzig, donde asistió a los actos conmemorativos del bicentenario
de la muerte de J.S.Bach, que sería motivo inspirador de sus “24
Preludios y fugas para piano”.
En diciembre de 1953,
coincidiendo con la muerte de Stalin, se estrenó su “Sinfonía
nº 10”, que se convertiría en el emblema del período que
tanto dentro como fuera de Rusia sería conocido con el nombre de
“el deshielo”, según el título de la novela de Ilya Ehrenburg.
Con esta sinfonía justifica
satisfactoriamente la realidad del conflicto interior, contra la tesis
sostenida hasta entonces por el realismo socialista de la “ausencia
de conflictos”. Se dice que el demoníaco 2º movimiento representa
al compositor bailando al ritmo de Stalin. Hay una gran manifestación
de subjetivismo musical y la unidad sinfónica está favorecida por
el empleo de un motivo celular que abarca toda la pieza. Este motivo
se escucha al comienzo de la obra y consiste en una doble figura ascendente
por intervalos de segunda, una tríada de negras, confiada a cellos
y bajos. En la introducción opera como bajo continuo, a veces en movimiento
directo y a veces retrógrado. El motivo principal del 3º movimiento
está formado por las notas Re, Mib, Do, Si, que en el sistema alemán
serían las iniciales de su nombre (D-S-C-H). Este motivo lo usará
Shostakovich en la mayoría de sus cuartetos y obras posteriores a esta
sinfonía.
En 1954 muere su esposa
Nina en extrañas circunstancias en un hospital de Armenia, y tras la
muerte de su madre, al año siguiente, da a conocer en Moscú su ciclo
de canciones hebraicas.
En 1956 abandona totalmente
su carrera como concertista de piano, y al año siguiente es investido
Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oxford; en Francia, con la
Orden de las Letras y las Artes; y en Finlandia con el premio Jean Sibelius.
A partir de entonces
el arte de Shostakovich se manifiesta traduciendo el alma rusa hasta
en sus más recónditos sentidos: es dramático, pesimista y solemne,
pero ahonda en cierta vena satírica, a menudo chirriante (como en los
scherzos de muchas obras, en el ballet “La edad de oro”,
etc.).
Es entonces cuando escribe
la “Sinfonía nº 11” (1957), que no se corresponde con los
estándares habituales, aunque mantiene otros elementos típicamente
sinfónicos. Shostakovich se propuso transmitir una visión heroica
del pueblo ruso, para lo cual eligió la gesta del “Domingo sangriento
de 1905” (o 1ª Revolución rusa). Esta “Sinfonía
nº 11” fue recibida como un homenaje a los mártires
de la revolución y como deseo de conseguir una sociedad más justa. Este deseo corría por
toda Europa, ya que del mismo año es “El canto de los adolescentes”
de Stockhausen, así como la opereta “Moscú, barrio Cheremushki”
del propio Shostakovich, escrita sobre el tema del alojamiento. En el curso de esta obra
conoció a Irina Supinskaia, joven editora literaria llamada a ser su
tercera esposa. Tan sólo un año haría
falta para la rehabilitación de los músicos condenados, gracias a
Kruschev y la famosa “desestalinización.
En 1959 trabaja en uno
de los “Conciertos para violonchelo” y en la orquestación
de “Khovanshina” . Un fuerte dolor en la
mano derecha le obliga a interrumpir su trabajo, y tras su regreso de
América (segundo viaje, originado por su designación como miembro
de la Academia de Ciencias) fue hospitalizado durante varias semanas.
Tras concluir el “Cuarteto
de cuerda nº 7” (dedicado a la memoria de Nina) viajó a Dresde
para trabajar en la música de la película “Cinco días, cinco
noches”. La impresión de la visita
se tradujo en el “Cuarteto nº
8”: la visión de la ciudad destruida en los bombardeos de la
pasada guerra conmovió profundamente a Shostakovich. A su regreso fue
nombrado primer secretario de la Unión de Compositores y admitido en
el Partido Comunista.
Durante la boda de su
hijo Maxim, en septiembre de 1960, Shostakovich sufrió una caída y
se fracturó una pierna, por lo que tuvo que ser hospitalizado de nuevo.
Fue éste (junto con los problemas de la mano derecha del año anterior)
el primer síntoma de la enfermedad del sistema nervioso central que
iría minando su salud paulatinamente.
En 1962 se casa con Irina
Supinskaia, y comienza a representarse de nuevo su ópera “Lady
Macbeth...” , suavizada con el título “Katerina Ismailova”.
Mientras tanto ya empieza a escribir la “Sinfonía nº
13” que marca el último enfrentamiento del compositor con
la jerarquía del Partido. Está basada en poemas
de Eugeny Evtushenko referidos a las calamidades que se abatían sobre
la sociedad soviética bajo el estalinismo, a la masacre alemana
sobre la población judía en Babi-Yar, durante la 2ª Guerra Mundial,
e incluso al antisemitismo en la Unión Soviética, como la matanza
de judíos junto a Kiev. Escrita para barítono
y orquesta, durante el estreno hizo furor, no tanto a causa de la música
como de la letra, en particular el primer movimiento, “Babi-Yar”. Más tarde fue prohibida
y Evtushenko tuvo que cambiar algunos versos que no alteraban la métrica
musical.
En 1966 sufre su primer
infarto y durante la recuperación escribe una concisa pieza para canto
y piano: “Prefacio a la edición completa de mis obras y unas breves
reflexiones a propósito de este prefacio”. El texto dice:
“Emborrono
una página en un suspiro. La silbo, me escucho con sonido indiferente.
Atormento con ella a los que me rodean. Después, ¡a la imprenta y
al olvido!. Este prefacio podría ser escrito no sólo en la edición
completa de mis obras, sino en la de otros muchos compositores, tanto
soviéticos como extranjeros. En fin, aquí va la firma: D.S., artista
nacional de la Unión Soviética, recipiendario de muchos otros títulos
honorables, tales como 1º secretario de la Unión de Compositores de
la República Socialista y secretario de la Unión de Compositores de
la Unión Soviética, titular así mismo de otros muchos e influyentes
compromisos y obligaciones”.
La
“Sinfonía nº 14” (dedicada a su amigo Benjamín Britten)
domina íntegramente el ciclo de sus últimas sinfonías, por la fuerza
de inspiración y carácter emocional. Está marcada por su primer infarto
y por un estado de ánimo pesimista y sereno. En ella recurre a una
serie de doce sonidos con carácter muy expresivo. Gracias a una elección
juiciosa de poemas de García Lorca, Apollinaire, Rilke y Küchelberker,
nos hace partícipes de sus interrogantes sobre el sentido de la vida,
la soledad del hombre, la muerte, el aplastamiento del artista creador
bajo el poder tiránico… Si hay un centro ideológico
está en el macabro vals, interpretado “con legno”, que acompaña
al poema de Baudelaire “En prisión”. El bajo dice:
“El día ha terminado sobre mi cabeza.
La antorcha se consume, rodeada de tinieblas.
Todo está tranquilo.
Sólo hay dos personas en la celda,
mis pensamientos y yo”.
Esta sinfonía invoca a la muerte (2º movimiento: “Malagueña” de Lorca), al lirismo (3º
movimiento: “Loreley” de Apollinaire), a la tristeza (4º movimiento:
“Suicidio” de Apollinaire; 10º movimiento: “Muerte de
un poeta” de Rilke), a la brutalidad militar (5º movimiento: “Alerta”
de Apollinaire).
Durante ese mismo año,
Rostropovich estrena su “Concierto para violonchelo n
º2”, mientras Shostakovich trabaja en el “Concierto para
violín nº 2”. Un año después escribe
su última partitura para el cine “El Rey Lear” de Kozintsev,
y poco antes de su segundo infarto acaba la “Sinfonía nº 15”,
que hace referencias al “Guillermo Tell” de Rossini y al
“Ocaso de los dioses” y “Tristan e Isolda” de Wagner,
que se transforman en el Gallop del finale de la “Sinfonía
nº 6” o en el vals maquinista
de la “Sinfonía nº 7”.
En 1974 Rostropovich
le enseña el visado que Breznev le concedió para abandonar Rusia.
Shostakovich le pidió que algún día interpretara “Lady Macbeth…”
tal como él la había escrito, deseo cumplido en 1978, tres años después de su muerte.
Ironía, temor y muerte
dominan la música de los últimos años de Shostakovich. Cerca del
final compuso “Suite sobre un poema de Miguel Angel” y
“Poemas del capitán Lebiadkin”,
sobre textos de Dostoievski.
El musicólogo soviético
Salomón Volkov fue el autor del libro “Testimonio, memorias de
D. Shostakovich”, obra publicada después de su muerte. En él, muestra los tormentos
sufridos por el compositor a través del peligroso camino de su existencia
y se puede ver el realismo, humor y espíritu sarcástico del autor.
Detalla descripciones sorprendentes de Stalin evocando los principios
dictatoriales de sus relaciones con los artistas. La autenticidad o falsedad
del libro ha hecho correr ríos de tinta: Rozhdestvenski totalmente
a favor de su autenticidad; en contra, el hijo de Shostakovich, Maxim;
mientras que los artistas rusos Rostropovich y Kondrashin, tan sólo
descartan los ataques a Scriabin y especialmente a Prokofiev.
Otras dos biografías en las que quizás se refleje de manera más realista la vida del músico son las de Ian MacDonald ("The New Shostakovich" de 1990) y de Elisabeth Wilson ("Shostakovich: A Life Remembered" de 1994).
Entre mayo y junio de
1975 compuso la “Sonata para viola y piano”, que corrigió
en el hospital cuando fue ingresado a finales de junio. Murió en agosto
de ese mismo año, con las facultades artísticas intactas.