Autgrafo del comienzo de "El Arte de la fuga"  de J.S.Bach
ISSN 1887-1771
       
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Talento musical innato: ¿cuánto le debemos?

15/10/07.
Sección de Educación

En muchas disciplinas, como la música, la danza, los deportes, las matemáticas o el aprendizaje de lenguas extranjeras, existe una opinión bastante generalizada de que determinadas personas, desde edades tempranas, poseen habilidades especiales que les permiten obtener resultados excepcionales sin apenas esfuerzo. Esta creencia puede influir de manera muy significativa en el aprendizaje y desarrollo profesional de los niños.


En muchas disciplinas, como la música, la danza, los deportes, las matemáticas o el aprendizaje de lenguas extranjeras, existe una opinión bastante generalizada de que determinadas personas, desde edades tempranas, poseen habilidades especiales que les permiten obtener resultados excepcionales sin apenas esfuerzo. En este sentido, de acuerdo con una investigación británica, tres de cada cuatro profesores del Reino Unido creen que los niños no pueden ser profesionales excepcionales a menos que posean lo que se conoce como “dones innatos” (Davis, 1994)1. En el caso de la música, podremos alcanzar un nivel más o menos elevado en función del talento que poseamos. Se presupone, por tanto, que los grandes músicos deben su maestría a un “talento musical innato”.

Esta creencia puede influir de manera muy significativa en la vida de los niños, puesto que aquellos que se consideran dotados de este talento reciben mayor dedicación y oportunidades que el resto, desarrollan mayor confianza en sí mismos, y las expectativas que se proyectan sobre ellos son mayores, lo que proporciona un medio idóneo para convertirse en un prodigio sin necesidad de poseer el talento innato que se les presupone. Es decir: ¿hasta qué punto es el talento innato, y no las circunstancias personales de desarrollo y estimulación, el responsable del grado de competencia musical de los niños?

En la infancia de muchos músicos encontramos anécdotas del espontáneo florecimiento de habilidades musicales excepcionales a edades tempranas. Un gran número de compositores eran vistos como prodigios en su infancia (por ejemplo, son bien conocidas las proezas infantiles de Mozart) La mayoría de las fuentes de esta información se basan en anécdotas contadas muchos años después de que los hechos ocurrieran. Además, algunos de los acontecimientos de la infancia de los grandes músicos son contados de manera autobiográfica, como la descripción de Stravinsky de haber asombrado a sus padres al imitar a cantantes locales a la edad de dos años, o la afirmación de Arthur Rubenstein de haber llegado a dominar el piano antes de poder hablar. Afirmaciones autobiográficas como estas pueden ser puestas en duda por el hecho de que la memoria infantil de los tres primeros años de vida no es fiable (Usher & Neisser, 1993) 2. Además, es evidente que estos niños, desde edades muy tempranas, gozaron de oportunidades especiales y estímulos muy valiosos, por lo que, hasta cierto punto, puede cuestionarse que el esplendor de estos músicos se deba exclusivamente a talentos innatos.

Es un hecho objetivo que para determinados individuos el proceso de aprendizaje musical es más fluido y precisa menor esfuerzo que para el resto de la gente. Estas diferencias individuales parecen suficientes para confirmar la teoría del talento musical innato, pero en muchos casos, esta facilidad es el resultado de esfuerzos y logros anteriores que no han experimentado los demás. Incluso si es cierto que Mozart compuso la obertura de Don Giovanni en una sola noche, es importante apreciar, como observa Perkins (1981)3, que esto se debe en parte a la capacidad de someterse a prolongadas horas de elevado esfuerzo sin que se reduzca la concentración y la calidad del trabajo.

Sloboda, Davidson, Howe & Moore (1996)4 se oponen completamente a la existencia de dones innatos. Para justificar su posición afirman que no existen diferencias significativas en la cantidad de tiempo que requieren jóvenes músicos de gran éxito y otros niños para alcanzar los mismos resultados en los exámenes correspondientes a un mismo nivel musical. Las diferencias en los progresos de ambos grupos de niños no era mayor que la que sería de esperar como consecuencia de la diferente cantidad de tiempo empleada practicando.

De acuerdo con este resultado, los hallazgos de una investigación sobre la formación inicial de compositores destacados (Hayes, 1981)5 muestran que, en contradicción con la extendida creencia de que un pequeño número de gente de gran talento puede reducir al mínimo el largo periodo de entrenamiento y preparación que otros necesitan para alcanzar niveles de desarrollo excepcional, los grandes compositores, sin excepciones, necesitaron alrededor de diez años para alcanzar el más alto nivel de maestría. La diferencia podría radicar, pues, en la edad en que se inicia esta formación y las características del medio en que se desarrolla. Por otra parte, debemos tener en cuenta que cuando nos referimos a cantidad de trabajo, lo importante es, como afirman Ericsson & Charness6, una práctica consciente, que vendrá determinada por experiencias anteriores en las que el individuo adquiere la habilidad y los conocimientos necesarios para aprovechar al máximo el tiempo empleado.

Anders Ericsson y sus colaboradores (Ericsson, Krampe & Heizmann)7 encontraron relaciones estrechas en cuanto a nivel de interpretación entre los futuros violinistas concertistas y los futuros profesores de violín, durante su periodo de formación. Cuando tenían 21 años, los estudiantes orientados a la actividad concertística habían acumulado alrededor de 10,000 horas de práctica, mientras que los futuros profesores de música contaban menos de la mitad. Resultados similares se obtuvieron en un estudio comparativo entre pianistas expertos y amateur (Krampe, 1994)8.

Estudios realizados con músicos expertos por Manturszewska (1990)9, Sloboda & Howe (1991)10 y Sosniak(1985)11, proporcionan más evidencias de que la práctica regular es esencial para adquirir y mantener altos grados de habilidad. A esto hay que añadir la necesidad considerable de apoyo y ayuda que requieren los jóvenes instrumentistas, incluso aquellos que se consideran altamente cualificados.

En mi opinión, no se trata de negar la existencia de una predisposición o facilidad innata ante la música, o cualquier otra disciplina, sino de resaltar que existen numerosas dimensiones humanas que influyen en el aprendizaje y el desarrollo musical, entre las que podemos incluir el carácter, la personalidad, la motivación, la concentración, la atención, la confianza en uno mismo, los ritmos personales, la competitividad, el entusiasmo, el nivel de energía, la ansiedad, o el optimismo. También influirán otros factores externos al individuo, y no por ello menos importantes, como el ambiente musical en el que crezca, las experiencias de aprendizaje, o la motivación por parte de familiares y profesores. Estos factores completarán y condicionarán al talento innato.

Probablemente, no todos los grandes músicos fuesen considerados en su infancia niños prodigio o niños especialmente dotados para la música, sino que muchos de ellos llegarían a adquirir estos atributos gracias a la constancia y el esfuerzo diarios. De la misma forma, encontramos niños que parecen presentar unas cualidades excepcionales, pero que no tienen la constancia y la capacidad de trabajo necesarias para desarrollar todo su potencial.

Por tanto, podemos concluir afirmando que ni el supuesto talento innato, ni la constancia y la práctica, hacen, por sí solas, a los grandes músicos.

Vanesa Tineo Guerrero


BIBLIOGRAFÍA

  • Casa, María Victoria: “¿Por qué los niños deben aprender música?”, Colombia Médica (en línea), Corporación Editora Médica del Valle, Universidad del Valle, Cali, Colombia, Volumen 32, nº 4, 2001. Disponible en World Wide Web: <http://colombiamedica.univalle.edu.co/VOL32NO4/musica.htm>
  • Casas, María Victoria: “Aplicabilidad de la teoría de las inteligencias múltiples al aprendizaje de la música”, Ciencias Humanas, Universidad Tecnológica de Pereira Colombia, 7: 222-236, 2001.
  • Fridman, Ruth: “¿Hay inteligencia Antes de Nacer?, Revista Brasileira de Musicoterapia, Año I, Número 1 – 1996
  • Fridman, Ruth: “El nacimiento de la inteligencia musical”, Buenos Aires, Ed. Guadalupe, 1988
  • Lacarcel Moreno, Josefa.: Psicología de la música y educación musical. Madrid: Visor, 1995.
  • Nebreda González, Pedro: “La Inteligencia Musical”, Educación y Futuro Digital (en línea), Noviembre 2002. Disponible en World Wide Web: <http://www2.cesdonbosco.com/revista/profesores/ 6_noviembre/inteligencia_musical.pdf>
  • Vera Tejeiro, A.: “Naturaleza de la aptitud musical”, Revista de Musicología, Vol. 11 (1) 171-204, 1988

  • 1 Davis, M.: “Folk music psychology“, The Psychologist, 7: 537, 1994.
  • 2 Usher, J.A., & Neisser, U.: “Childhood amnesia and the beginning of memory for four early life evets”, Journal of Experimental Psichology, General, 122, 155-165, 1993.
  • 3 Perkins, D. N.: “The mind's best work“, Harvard University Press, 1981.
  • 4 Sloboda, J. A., Davidson, J. W., Howe, M. J. A. & Moore, D. G.: “The role of practice in the development of performing musicians“, British Journal of Psychology, 87, 1996.
  • 5 Hayes, J. R.: “The complete problem solver“, Franklin Institute Press, 1981.
  • 6 Ericsson, K. A., & Charness, N.: “Abilities: evidence for talent or characteristics acquired through engagement in relevant activities”, American Psychologist, 50: 803-804, 1995b.
  • 7 Ericsson, K. A., Krampe, R. Th. & Heizmann, S.: “Can we create gifted people?”, Ciba Foundation Symposium 178: the origins and development of high ability, ed. G. R. Bock & K. Ackrill, Wiley, 1993.
  • 8 Krampe, R. Th.: “Maintaining excellence: Cognitive-motor performance in pianists differing in age and skill level“, Max-Planck-Institut für Bildungsorschung, 1994.
  • 9 Manturzewska, M.: “A biographical study of the life-span development of professional musicians“, Psychology of Music, 18: 112-139, 1990.
  • 10 Sloboda, J. A. & Howe, M .J. A.: “Biographical precursors of musical excellence: an interview study”, Psychology of Music, 19:3-21, 1991.
  • 11 Sosniak, L. A.: “Learning to be a concert pianist. Developing talent in young people”, ed. B. S. Bloom, Ballantine, 1985


Publicado por Vanesa Tineo.
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